¿Saco los dólares del banco? Argentina vuelve a repetir la triste pregunta de las crisis

“Si digo lo que pasa realmente puedo contribuir al inicio del pánico y no lo puedo ni quiero hacer. Claro que corro el riesgo en materia de credibilidad y doy espacio a que las cuestiones se digan en otros lados”. Las palabras pertenecen a un periodista de una importante cadena de público masivo en un grupo cerrado de colegas y economistas. Su postura es comprensible. Las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) ya no cuentan con ningún poder de fuego ante la agonía (que marcha lenta pero sin detenerse) de un modelo económico acabado.

Lamentablemente, mientras crece la incertidumbre, muchos argentinos se preguntan si es seguro mantener los dólares en los bancos. Los dólares que tienen allí, claro. No creo que haya nadie en todo el territorio nacional que tenga todas sus divisas en una caja de ahorro. Los que tienen la oportunidad de contar con algún ahorro, diversifican. Ante la imposibilidad absoluta de cualquier emprendimiento medianamente modesto, los pocos argentinos que tienen, como se dice por aquí “un pucho”, ponen una parte en una caja de seguridad, otra en el colchón y algún saldo probablemente en una cuenta bancaria. Esta trilogía manifiesta la inseguridad total que se vive en el país. El peronismo ya “manoteó” en el pasado las cajas, hace dos décadas hubo confiscación con pesificación forzosa de las cuentas, pero lo cierto es que tener dinero en la casa tampoco es seguro. Aunque menos eficientes que el Estado nacional, los delincuentes privados también existen y en Argentina se desvalijan casas todos los días.

Las diferencias con el “corralito” de Fernando de la Rúa y el “corralón” de Eduardo Duhalde a principios del milenio existen. No es para ser demasiado optimistas (ya que la crisis es un hecho), pero existen. El Banco Central entre 1991 y 2001 oficiaba en Argentina como una especie de “caja de conversión”. No podía emitir un solo peso sin un dólar de respaldo en reservas, lo que sustentaba lo que se conoció como la convertibilidad “1 a 1”. Aunque mucha gente asegura que el modelo implementado por Domingo Cavallo se trató de “una mentira”, lo cierto es que la convertibilidad no presentaba contradicciones necesarias que justificaran el colapso del modelo. Sí, es cierto que la regla monetaria dura era incompatible con las cuestiones fiscales laxas del Estado nacional y las provincias. Pero resignarse al déficit fiscal (y a la necesidad de la emisión monetaria como caño de escape) es aceptar lo que el economista Javier Milei denomina como “un robo”: la impresión de billetes para cubrir un rojo que le roba poder adquisitivo a las personas de ingresos fijos.

Cuando el Fondo Monetario Internacional (FMI) le soltó la mano al país durante el mandato de la Alianza, y ante la imposibilidad de imprimir billetes, se desató la crisis que todos recordamos, con las cacerolas en las puertas de los bancos, con los ahorristas pidiendo por sus depósitos. Claro que hay que reconocer que la salida peronista no fue otra que el pueblo pagando la cuenta de la política. La clase media perdió sus ahorros, pero los pobres también se multiplicaron. El país por primera vez supo lo que era tener un 50 % de pobres.

Luego de la devaluación, Néstor Kirchner se encontró en 2003 con todos los planetas alineados a favor: precios internacionales quintuplicados, lo que generó una descomunal entrada de divisas, y una impresora de billetes lista para hacer lo que el populismo mande. El contexto fue el más favorable de la historia hasta el momento, pero el matrimonio presidencial lo dilapidó. El breve interludio macrista no cambió absolutamente nada, ya que se dedicó a emparchar un modelo fracasado, y la actual coalición del Frente de Todos lo único que ha hecho es retroceder aún más. Como en el “Juego de la oca”, Argentina está nuevamente al borde del precipicio. Ninguna variable es mejor, la única diferencia es la máquina de imprimir billetes.

250.000 millones más hasta fin de año

Los dos primeros días de esta semana, el BCRA tuvo que liquidar 200 millones de dólares, cerrando un mes con más de 1000 millones en pérdida. Es que, mientras se mantiene el dólar oficial anclado y se amplía la brecha, la impresora “le sigue dando a la maquinita”. En diciembre, el Central deberá emitir 250.000 millones de pesos más para enfrentar el rojo del agujero fiscal argentino.

Como señala Roberto Cachanosky, el acuerdo con el FMI (de haberlo) no traerá grandes soluciones. El único ingreso de divisas es el de las exportaciones, pero el egreso que genera la desconfianza lo supera. Como dijo Luis Beldi, en noviembre el Central ya tuvo que liquidar el equivalente a la tercera parte de lo que será el ingreso por la cosecha fina. En el mercado de futuros, los operadores apuestan a un oficial de $111 para el inicio del año, con un incremento a $115 para febrero. Nada permite considerar que la brecha con el blue se irá cerrando. Todo lo contrario.

¿Hay posibilidad de híper? ¿Puede haber confiscación de los depósitos?

Si uno ve con lo que cuenta el BCRA en su activo, la conclusión es que lo único que nos separa de un escenario de hiperinflación es que se encienda la mecha psicológica. Las condiciones generales son peores que las que sufría el país en las últimas tres crisis combinadas (rodrigazo / híper 89-91 / 2001-2002). El escenario que generaría el pánico podría venir de cualquier lado. Una crisis política sin duda podría ser una de las causales de la corrida. El oficialismo, que perderá poder en el Congreso que asume la próxima semana, está desesperado en un acuerdo programático, pero lo cierto es que ni siquiera puede solucionar sus discrepancias internas.

Dadas las diferencias con los días de la caída de de la Rúa y el desastre del duhaldismo, es probable que no haya una confiscación semejante, la que los ahorristas conozcan de la noche a la mañana, habiendo perdido ya sus depósitos. Sin embargo, lo que marca la diferencia con aquel escenario, entre otras cosas, es la impresión permanente de billetes que genera esa misma presión sobre el peso, el incremento de demanda de divisas y el aumento en la inflación. Un círculo vicioso que pareciera no tener fin y que sí muestra al final del túnel una crisis inevitable.

Mientras tanto, lo único lógico que parece que se puede hacer es no quedarse con más pesos de los que se pueda llegar a necesitar con un horizonte de acá a un mes, tratar de poner los huevos en distintas canastas y si bien no habría un motivo para considerar que los depósitos en dólares corran riesgo mañana mismo, hipócrita sería decirle a la gente que “no pasa nada”. Es que la última resolución del BCRA obliga a los bancos a tener activos en Leliq o préstamos a tasa subsidiada. ¿Qué quiere decir? Una economista que sabe más que yo, en privado, asegura que esto es sinónimo de que “el capital de los bancos se derrite”. Ante la imposibilidad de que las entidades tengan sus reservas en divisas extranjeras, todas las posiciones equivalentes en dólares deberán ser liquidadas y remitidas a un BCRA que pierde por todos lados. Y si bien el sistema de reserva fraccionaria opera en insolvencia permanente en todo el mundo, pero se sostiene por la confianza de cada economía, la actualidad argentina podría generar que finalmente sea confusa una vez más la propiedad privada sobre cada dólar en el banco. No son pocos los analistas que consideran que el Central, en su panorama de posibles acciones, cuenta como propios los depósitos bancarios.

Fuente: PanamPost

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *