OPINIÓN- Bernardo Henao Jaramillo: La necesidad de un juego limpio en Colombia

Aunque las elecciones presidenciales para el año 2022 pareciera que están aún muy lejos, lo cierto es que las precandidaturas esta vez madrugaron. No sucede exclusivamente en el Partido Centro Democrático, donde ha estado movido el tema, sino que también en otros partidos y colectividades se presenta similar fenómeno. Todo apunta a que nos avocamos a presentar una circunstancia electoral similar a la ocurrida en el Perú, en la cual, ante la proliferación de candidaturas terminó por imponerse un desconocido para nada descollante.

El señor expresidente Álvaro Uribe Vélez consciente de lo que está en juego en las elecciones próximas como fundador e impulsor del CD, convocó el pasado 6 de septiembre a los aspirantes para tratar el tema de las precandidaturas y las posibles fórmulas que debían adoptarse para procurar tener un único precandidato de unidad que, sería informado el 22 de noviembre y quien tendría la tarea de concurrir ante otros movimientos y partidos a conseguir una gran candidatura de coalición en los comicios próximos de mayo de 2022. Concurrieron a la cita María Fernanda Cabal, Paloma Valencia, Eduard Rodríguez, Oscar Iván Zuluaga y Rafael Nieto.

Según los reportes que se conocieron, el encuentro fue cordial y amistoso. El señor expresidente dejó claro que él no daría ningún voto para alguno de ellos individualmente, y existió consenso en que se procedería hacer diversas actividades, entre las que se mencionaron foros regionales y la aplicación de encuestas tanto ante la militancia afiliada al CD como ante el uribismo que no está vinculado al partido. De una manera similar a como se aplicó en la escogencia del candidato en la elección de 2018, se determinó que el proceso lo adelantarían dos firmas encuestadoras y una de auditoría.

En cierto sector del partido con cierta afinidad al gobierno de turno, poco tiempo les duró la alegría, seguro por haber pensado equivocadamente que las encuestas y sondeos de opinión comenzarían a mostrar al Dr. Oscar Iván Zuluaga como el líder natural del proceso y sorpresivamente recibieron tremendo baldado de agua fría, cuando el pasado 9 de septiembre, la Revista Semana dio a conocer su gran estudio electoral. Los resultados registrados provocaron tremendo tsunami al interior de esa parte de la colectividad; ahí fue la debacle, puesto que por fin pudieron constatar que los resultados de la encuesta dieron en el CD a la Dra. María Fernanda Cabal como la ganadora indiscutible liderando la intención de voto con el 4% mientras que el precandidato Zuluaga, escasamente obtuvo el 3%, entendiéndose que lo importante de la medición estadística en esta etapa es la velocidad de ascenso de la primera frente al descenso del segundo.

Apenas obvio que eso aconteciera, si en cuenta se tiene que el Dr. Oscar Iván temeroso por la esperada decisión de la Fiscalía en el proceso que tenía encartado a su hijo David, demoró en pronunciarse sobre su aceptación de la precandidatura que daba por descontado otrora el apoyo de la propia senadora Cabal. En medio de esa larga y latente espera, ocurrieron importantes acontecimientos políticos espontáneos, del que no podía ser ajeno la aguerrida senadora María Fernanda Cabal, que se tradujo en que un nutrido sector de la población colombiana, por iniciativa propia en reconocimiento a sus oportunas intervenciones cuando el resto de activistas políticos guardaban silencio absoluto, empezó a proponer su nombre como posible precandidata ante su comprobada valentía de enfrentar a la izquierda radical, así como lo hizo sin titubeos contra los promotores del paro y aquellos integrantes de la primera línea. Empezaron a verla como la posible estadista que reclama la nación.

Esa encuesta sumada a los sondeos de opinión y en particular en las que se impulsaban en las redes la catalogan como la aspirante con mayor posible apoyo popular. Su acogida oscila entre el 65% al 70% de la muestra de encuestados. Por su carácter férreo y decisión en llamar las cosas por su nombre, consiguió llegar a sectores que le admiran y respaldan, de resaltar el de la juventud. Parodiando el ciclismo, logró desprenderse y encabezar el lote con muy buenas posibilidades de alcanzar la meta con el triunfo.

En un país en el que la participación femenina se excluyó por completo en los asuntos públicos al estilo machista de esas épocas, solo se obtuvo en el año 1957, en aquel plebiscito convocado para permitir el voto femenino. El manejo del estado se le ha confiado desde ese entonces a la participación masculina aplicando una especie de “capitis deminutio” a cualquier posible aspiración femenina para dirigir la Nación, que, la rompió en una inicial aspiración Nohemí Sanín y la afianzó en un logro sin precedente la Dra. Martha Lucía Ramírez quien consiguió ser Vicepresidente, pero sin llegar a conseguir el éxito y favor popular en ser designada Primer Mandatario de los colombianos cuando de verdad lo merecía.

Ahora, con el fenómeno político que representa en el momento la Dra. María Fernanda Cabal, la historia puede y ojalá cambie. Es una aspirante con amplia trayectoria profesional exitosa. Su hoja de vida así lo confirma. En este desempeño con su dedicación y estudio, demostró, por ejemplo, los riesgos que representaba para el futuro agropecuario la gravedad de que fuera aprobado el Tratado de Escazú, sola comenzó la tarea e incluso contrario al interés del gobierno en sacar adelante esta iniciativa, consiguió que el Congreso no la aprobara y finalmente se archivara.

Desafortunadamente, como siempre sostuvo el ciclista colombiano Martín Emilio “Cochise” Rodríguez, quien sentó perenne frase: “En Colombia se muere más gente de envidia que de cáncer”, ésta no se hizo esperar. Efectivamente, ciertos integrantes del partido, senadores y representantes, en forma cuestionable, reprochable, utilizando el logo de la colectividad, como si se tratase de la posición oficial del Partido, sorprendieron a los colombianos con su mensaje que titularon “Respaldamos la candidatura presidencial de Oscar Iván Zuluaga”; mensaje en el que enfatizan con argumento integralmente sofista, al invocar la unidad del partido, pero sembrándole tremenda bomba de división.

Es claro que ese comunicado, no respeta ni acata las reglas de escogencia del candidato propias del CD como tampoco respeta la posición convenida con su fundador Álvaro Uribe Vélez. Lo anterior se presta para que se pueda pensar que le están dando un golpe de estado al líder natural de la colectividad del uribismo, o que le están haciendo un gran matoneo a los restantes acreditados aspirantes de precandidatos. No hay duda que esos otros aspirantes tienen su legítimo derecho a participar como acontece con Paloma Valencia, Rafael Nieto, Eduard Rodríguez y ahora reciente Alirio Barrera.

Las divisiones que se advierten en el partido no le benefician a nadie. Por el contrario, le dan poder a la izquierda radical que sin duda aprovechará este tipo de situaciones para sacar ventajas políticas. De igual forma, este tipo de divisiones las observan los ciudadanos y generan que el partido pierda votos. Lo mejor que pueden hacer los precandidatos del Centro Democrático en este momento es actuar de acuerdo a los intereses del partido, que son los mismos intereses del país: evitar que la izquierda llegue al poder. Para esto, es importante que actúan como un grupo, como compañeros de partido y no como contrincantes.

La madurez política se impondrá, las bases del partido son las que votan. La dedocracia está mandada a recoger. El proceso en curso debe seguir y son sólo los uribistas y los afiliados al partido CD quienes deben escoger su candidato, sin intromisiones, sin entregar mensajes que se presten a confusión. Una nimia bancada, así se discutiere que es ampliamente representativa, no puede imponer un candidato. De persistir en ese error, y no jugar con las reglas acordadas, serán los únicos responsable de la eventual implosión del Partido CD y por supuesto, de la debacle que se causaría en las elecciones para Senado y Cámara de Representantes que se escogerán en marzo de 2022.

Fuente: PanamPost

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