OPINIÓN-Vladimiro Mujica: El rector Planchart

Un corto intercambio en WhatsApp con Benjamín Scharifker, rector de la Universidad Metropolitana, exrector de la Universidad Simón Bolívar, y amigo cercano, da cuenta de la cercanía, tristeza y preocupación que embarga a los universitarios venezolanos por la partida de Enrique Planchart, rector de la USB

V.M: —Lamento mucho la muerte del rector Planchart.

B.S: —Gracias, Vladimiro. Deja gran legado y un enorme vacío, el futuro de la USB es ahora muy incierto

La apreciación de Benjamín Scharifker resume, en pocas y densas palabras, lo que muchos de nosotros, ligados intelectual, vital y socialmente a la universidad, sentimos en estos momentos de duelo: acaba de fallecer un hombre esencial para el desigual combate que la universidad venezolana libra contra el gobierno de facto chavista-madurista, empeñado en una campaña de destrucción por diseño de la institución universitaria.

El caso de la USB es especialmente significativo, porque esa universidad ha tenido que soportar un ataque frontal del gobierno, acusada de elitista y discriminatoria en el acceso estudiantil, y obligada a entregar todo el sistema de selección estudiantil a la OPSU.

La USB tenía un sistema de selección basado en méritos, pero abierto a todos los sectores de la población, sin exclusiones sociales, como pueden dar fe —y lo han hecho— los miles de egresados de esa universidad que tuvieron la oportunidad de estudiar en sus aulas.

La persecución del gobierno de facto no se ha limitado a transformar el sistema de acceso estudiantil a la USB en otra burla al estudiantado venezolano sino que ha impuesto autoridades, vulnerado en repetidas oportunidades la autonomía universitaria y, en definitiva, demolido lo que fuera una de las piezas estelares de una constelación de universidades e instituciones públicas de generación de conocimiento, que incluían a la USB, la UCV, la ULA, LUZ, la UDO, el IVIC e Intevep,  que otrora fueran el orgullo venezolano y motivo de admiración en el mundo, y que hoy yacen en un oprobioso abandono.

De hecho, las únicas universidades que han logrado a duras penas proteger a sus profesores y estudiantes de la depauperación crítica, son las instituciones privadas, cuyos exponentes mas importantes son la UCAB y la Unimet. Un hecho que requiere un análisis adicional, pero no hoy, no en estas circunstancias.

Contra toda la sevicia de los gobiernos de Chávez y Maduro se opuso Planchart. Su voz ronca y sabia resuena hoy con mucha fuerza, quizás contra el telón de fondo de una dura enfermedad que lo asechó en sus últimos años de vida, que le restó fuerza a su presencia física, pero nunca a su poderosas estatura moral.

Uno podría especular, imaginar quizás, que el Rector Fundador de la USB, Ernesto Mayz Vallenilla, una de las figuras prominentes del liderazgo venezolano que cayó víctima del «encantador de serpientes» y líder máximo de la «revolución» chavista, se esté hoy reencontrando en el más allá con uno de sus sucesores más verticales y honorables. Cabría también señalar que las palabras del exrector Mayz Vallenilla, vertidas cuando sus ojos ya se habían abierto al despropósito de Chávez y sus seguidores, resuenan hoy con fuerza premonitoria, rescatadas de una nota de la agencia EFE, publicada por El Nuevo Herald el 13 de noviembre de 2001. Casi una eternidad ha pasado entre hoy y esos tiempos sepultados en la memoria venezolana:

 Exasesores de Chávez prevén una catástrofe

Señalan que el gobierno venezolano debe enmendar su actual rumbo

Cinco de los 12 miembros de una comisión de asesores creada por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, poco antes de comenzar su mandato, alertaron ayer sobre la «catástrofe» que acecha al país por el rumbo que ha tomado el gobierno.

«No es posible que quienes formamos la Constituyente no cumplamos con nuestro deber moral y advirtamos sobre la catástrofe, la debacle inminente», que se cierne sobre Venezuela, declaró a la emisora Unión Radio el filósofo Ernesto Mayz Vallenilla, exrector de la Universidad Simón Bolívar.

 Mayz, que formó parte a principios de 1999 de la Comisión Presidencial Constituyente que precedió a la extinta Asamblea Nacional Constituyente (ANC), dijo que la constante confrontación de Chávez con todos los sectores nacionales conduce al país hacia la anarquía, por lo que exigió al gobernante rectificar a tiempo.

 «Mediante esta siembra de odio, de proliferación de zanjas, no se puede gobernar un país, y Chávez cree que esa confrontación es la única manera de gobernar», declaró Mayz, antes uno de los más férreos defensores de la «revolución chavista».

No era Enrique un recién llegado a la tarea de construir un sistema de enseñanza de primera línea y abierto, sin exclusiones, a todos los venezolanos. Lo conocí desde sus tiempos al frente del Centro Nacional para el Mejoramiento de la Enseñanza de la Ciencia (Cenamec) entre 1989 y 1999, año a partir del cual pasó a dirigir el Programa de Igualdad de Oportunidades (PIO) de la USB, uno de los programas más importantes de inclusión social adelantados por esa universidad. Su período rectoral comenzó el año 2009, 12 años ininterrumpidos, hasta su muerte el pasado martes 27 de julio, sin la posibilidad de realizar elecciones por el capricho ignaro del chavismo de pretender modificar la Ley de Universidades —tarea que no han podido consumar y la razón por la cual no se eligen nuevas autoridades en las universidades desde hace más de un década—  para convertir a nuestras casas de estudio en una versión deplorable del Estado Comunal, donde méritos y experiencia no tienen cabida porque promueven el talento y la libertad de pensamiento, dos enemigos mortales de la indigencia intelectual y moral del experimento chavista de control de la sociedad.

No es la USB mi alma mater. Pero mi pertenencia al profesorado de la UCV no solamente no me impide reconocer y admirar su trayectoria vital de defensor de una institución vital para la sociedad sino que me da la libertad y la independencia de la distancia. Feliz travesía a donde quiera que hayas partido, querido Enrique. Ya vendrán mejores tiempos para la universidad y nuestro país. Nos toca a todos los universitarios, y a la sociedad en general, atender la urgencia y el reto que tu ausencia genera para la USB, como bien lo reconoció tu predecesor en el cargo.

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