Douglas Farah: El eje del mal aprovecha los espacios que la pandemia ha abierto para arremeter contra la institucionalidad democrática

En una extensa entrevista, el especialista en seguridad global analiza distintos casos del continente, en especial, aquellos en los que el bolivarianismo lucha por alcanzar espacios.

A juicio de Douglas Farah, mientras el mundo democrático se debate acerca de cómo vencer a la pandemia del Covid 19, el eje de mal ha aprovechado para crear un clima de desestabilización que le permita arremeter contra las instituciones y poder colarse, bien para asumir el poder donde no lo han conquistado, o para retomarlo en aquellos lugares donde han perdido espacios. El bolivarianismo —como parte de dicho eje— avanza como una fuerza criminal en América Latina, sin que los sectores democráticos terminen de entender que deben hacerle frente como a una totalidad y no como individualidades en cada país de la región.

Farah es consultor y analista de seguridad nacional, miembro visitante senior en el Centro de Operaciones Complejas de la Universidad de Defensa Nacional y presidente de IBI Consultants, una empresa que brinda servicios estratégicos en el campo de la seguridad nacional.

Según el especialista en seguridad, el mundo está pasando por un momento muy delicado, pues los países vecinos se encuentran ocupados en atender lo relativo a la pandemia del Covid 19 y Estados Unidos se mantiene muy distraído ante la proximidad de las elecciones presidenciales, una situación que, en su opinión, está siendo aprovechada por las fuerzas del eje del mal para avanzar y ganar más espacios.

Sin embargo, advierte que, en medio de la calamidad, ha sido posible llevara cabo algunas acciones para detener la marcha de la extrema izquierda criminal, como es el caso de Bolivia, donde Evo Morales salió del poder; la salida de los bolivarianos de Ecuador; la presidencia de Sebastián Piñera en Chile e Iván Duque en Colombia. Aunque también se registran retrocesos, como la vuelta de Cristina Fernández a la Casa Rosada en Argentina; o la firmeza con que se mantiene el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua; mientras en El Salvador las redes del Frente Farabundo Martí también continúan con mucha fuerza, aun con el presidente Nayib Bukele. “Entonces, hay varios retrocesos y algunos pequeños avances”.

Consultado acerca de la manera cómo debe combatirse el crimen organizado transnacional que representa esta red que ostenta el poder en varios países de América Latina, el presidente de IBI Consultants refiere que las acciones que pueden iniciarse son varias y, de hecho, comenta que algunas comenzaron en su momento, como las emprendidas por el Grupo de Lima y que, lamentablemente, fueron abandonadas, relativas a crear un consenso en torno a la idea de que los bolivarianos son una empresa criminal conjunta. Subraya, en este sentido, que esto es fundamental, pues  es imprescindible que se tenga presente que el problema no es tratar el problema atendiendo a estados individuales, sino tener siempre presente que se trata de mafias que controlan a los estados, lo cual les brinda muchas ventajas, como por ejemplo, poder emitir pasaportes diplomáticos a los criminales, exportar bienes sin registrar, mover oro como hace con Nicolás Maduro a través de diferentes canales, entre otras irregularidades.

Alerta que, hasta ahora, ni en Estados Unidos, ni en América Latina, existe un consenso sobre lo que representa la revolución bolivariana para el hemisferio. Sin embargo, Farah refiere que sobre la base de un entendimiento conjunto, este consenso podría comenzar a gestarse en algún momento en países como Brasil, Perú y otros que estén dispuestos a aplicar sanciones económicas al régimen de Nicolás Maduro, que frene su avance y detenga sus acciones criminales.

“Eso se planteó en el Grupo de Lima, pero después nunca se hizo. Creo que mientras los estados tradicionales se preocupan por cuestiones de salud, en diferentes países criminalizados no tienen que hacerlo. Entonces vemos a Nicaragua sin ningún control sobre la pandemia y moviendo drogas y oro. Estamos viendo a Nicolás Maduro a quien realmente no le importa la salud de su pueblo y está dejando los espacios a los grupos criminales. Realmente creo que muy poco lo que estamos haciendo en un momento muy débil potencialmente y estamos un poco complicados”.

Pandemia del Covid 19 abrió una puerta a la criminalidad

Douglas Farah apunta lo difícil que es para los países realmente democráticos que están atacados por la pandemia del Covid 19, ocuparse de frenar la acción de los grupos criminales que asechan para tomar el poder, aprovechándose de las circunstancias.

Al ser consultado hasta dónde el estado democrático institucional es capaz de soportar los ataques de estos grupos organizados del crimen y advierte sobre el peligro que representa el pretender —reitera— entender el problema como focos, como individualidades que se combaten, igualmente, individualmente, desde cada país en particular y no como la empresa criminal que estos grupos en general representan.

“Creo que es muy difícil, porque en la región todos los países democráticos están más o menos hablando por su propio lado y los bolivarianos tienen objetivos bien definidos y van hacia esos objetivos” y explica que las democracias atienden los problemas, como la corrupción de sus países, de una manera deficiente, desde su propia perspectiva y con las herramientas que tienen a disposición. En esto, subraya, el populismo, bien de extrema izquierda o de derecha, abre una puerta para acabar con la institucionalidad. Es decir, el mantenimiento de las instituciones del estado enfocado desde perspectivas erradas, distrae a los países democráticos de atacar la criminalidad como adecuadamente.

“En un estado criminal, todo el estado está al servicio del crimen organizado y eso les da más recursos y una impunidad increíble y margen para actuar fuera de lo que uno considere grave, normalmente la ilegalidad”. Mientras esto sucede, cada democracia de manera individual, batalla por su lado, en tanto el proyecto bolivariano y exhibe grandes avances.

El papel de EE. UU. frente a estados criminales

Seguidamente, Douglas Farah pasa a referirse a la posición y papel de Estados Unidos frente a América Latina con la administración de Donald Trump, quien ha expresado su disposición a acabar o contribuir a que se geste un cambio democrático en países como Venezuela y Nicaragua.

Sin embargo, advierte que en el gobierno de EE. UU. se repite el mismo problema del que alertó anteriormente, pues no se ha entendido que el problema no es Venezuela o Nicaragua como entes separados, individuales. “Parte del problema es una falta de entendimiento dentro de la política de EE. UU. de que el problema no es Venezuela. El problema es la revolución bolivariana y sus posibilidades de oxigenarse desde final desde Irán, con Rusia, con China, con Nicaragua, con Bolivia, con El Salvador, hasta hace poco con Surinam. Es decir, hay un montón de huecos en el sistema mundial de globalización que permite a estos grupos que están dispuestos a actuar o utilizar a los grupos del crimen organizado como instrumentos del estado para va a seguir existiendo”.

Refiere los casos de Corea del Norte y Siria, entre otros, donde los regímenes que los gobierno han alcanzado cierto nivel de sobrevivencia y, aunque ya no disponen de los mismos recursos que antes, existe en ellos una red criminal que les permite mantenerse a flote.  “Y entonces el problema para mi es que los Estados Unidos es que no ven que es una sola una sola estructura donde hay que cortar todas las herramientas financieras de todos los grupos simultáneamente o, por lo menos, uno por uno, para ir achicando este espacio, porque sin eso no van a durar”.

Mal diagnóstico

Tajantemente, Douglas Farah refiere que ha habido un mal diagnóstico del problema al no entender que las democracias de la región se enfrentan a una empresa criminal que está dispuesta a lo que sea, bien por mantenerse donde ya opera, o por alcanzar el poder donde aún no han llegado.

“No hemos entendido todavía que Venezuela está dispuesto a emplear grupos como las FARC, como el ELN, como sus propios grupos internos, como las milicias internas que tiene, los colectivos, etcétera, como instrumentos del estado. Es decir, estamos acostumbrados a pensar que un estado, aunque sea corrupto, va a combatir esos grupos, no a utilizarlos, invitarlos y darles dinero para que cumplan una política de gobierno. Yo creo que cambiar esa mentalidad es muy difícil, pero cuando haya ese cambio, se podrán ver realmente muchas más opciones para combatir esas redes criminales”.

 ¿Y no sería ya tarde? Hay agencias del gobierno de los Estados Unidos que no se dan a basto, porque son muchos los casos de corrupción y redes criminales que enfrentan. Por ejemplo, en el estado de la Florida, hemos conversado con varias fuentes y señalan que es difícil para ellos tocar a todos los testaferros y toda esta gente que ha metiendo dinero al sistema financiero de los Estados Unidos, uno, porque es masivo y, dos, porque hay una red de complicidad importante y porque el crimen organizado paga las conciencias de cada uno de los que están intentando inmiscuirse en esas redes.

— Exactamente, yo creo que ya estas alturas han crecido mucho. Hubo un momento, hace cinco, siete, diez años, cuando eran manejables si se hubiera entendido en ese momento lo que estaba pasando. Y había varios en ese momento, comenzando 2008, 2009, diciendo, ojo, ojo con el Frente Farabundo Martí en El Salvador, con Daniel Ortega, con Maduro, Con Evo Morales, con Correa, con toda la red, porque ya en ese momento era obvio que era un proyecto en conjunto basado en la criminalidad. No logramos con nuestras advertencia que se cambiara la política con que se enfocaba esta situación (…) Ahora tienen una capacidad enorme, hay una cantidad enorme de casos, mira el ejemplo del profesor Bruce Bagley, un experto en lavar dinero que cayó por lavar dinero para los narcos.  Tienen un poder de corrupción muy grande que llega a muchas cosas, a mucha gente. Entonces, hay una red de complicidad también en EE. UU.

El caso del “Comandante Ramiro”

En razón de la amplia investigación y seguimiento que Douglas Farah le ha hecho a José Luis Merino, alias “Comandante Ramiro” en El Salvador, le consultamos acerca de la repercusión que tales hallazgos suponen y si se ha experimentado algún avance en la lucha contra la actividad criminal que este personaje ha desarrollado en El Salvador, en particular, y en toda América Latina, en general.

En tal sentido, indica que aunque se han logrado identificar algunas de sus actividades y se han decomisado algunos millones de dólares producto de su actividad criminal, José Luis Merino se mantiene como un poder real en el gobierno de Nayib Bukele, pues maneja muchos de aspectos económicos oscuros del gobierno. Su exasistente, Eric Vega, es asesor el Bukele, así como otros de sus agentes forman parte del gobierno de Bukele.

Refiere que el problema de Merino ahora se centra en el hecho de que los venezolanos, el régimen de Nicolás Maduro, que el Comandante Ramiro robó más de USD 600 millones de PDVSA y ahora hay enfrentamientos entre ellos.  Entonces a Merino le toca evadir, no solamente a los Estados Unidos, sino a los venezolanos y cubanos que se sienten estafados por él.

Pese a estas circunstancias, José Luis Merino mantiene buenas relaciones con Iván Márquez de las FARC, con Tareck El Aissami en Venezuela y con diferentes grupos donde tiene el control en actividades de narcotráfico y maneja mucho dinero.

De estas afirmaciones se deduce que la supuesta ruptura de Nayib Bukele con Nicolás Maduro, solamente estaba respondiendo a los problemas descritos y no a un rompimiento “ideológico”. Mas bien, Douglas Farah observa una gran “flexibilidad ideológica” que permite que los actores, en este caso José Luis Merino, simplemente cambien de banda. “Uno ve ahora y es poco chistoso, a gente muy cercana a Juan Guaidó, asesorando directamente a Bukele. En Casa Presidencial hay una red de la gente de Guaidó haciendo un mal servicio al pueblo salvadoreño y de la mano con quienes antes eran considerados como el enemigo. Es una de esas cosas del mundo en que vivimos ahora, donde no hay ideología simplemente dinero y todo camina en torno a él”.

 ¿Estaríamos hablando de que en el grupo de Juan Guaidó que está en El Salvador, o hay desconocimiento o conocen, pero están allí por algún interés económico?

— Están bien identificados y han escrito editoriales defendiendo su presencia en el gobierno, aunque no hay realmente la justificación y están recibiendo muy buenos sueldos del gobierno de Bukele. Yo no sé a fondo qué es lo que él es trajo en conjunto, pero sé que el rompimiento de Bukele con Venezuela, país del que fue muy cercano con el estruendo por el que en un momento estaba muy cercano con ellos, se debe a la ruptura con el Comandante Ramiro y por el robo, la desaparición de esos dólares.

Pero la relación de Bukele con el gobierno de Venezuela data de los años en que el ahora mandatario salvadoreño ejerció como alcalde de Nuevo Cuscatlán y San Salvador, vinculado especialmente a Tareck El Aissami. De esa relación procede el grupo de asesores que responden tanto a él como a Merino. Sostiene que en la actualidad la ideología ha perdido importancia y prevalecen los intereses económicos en estas relaciones. “El dinero que se robaron en Venezuela, el dinero que está lanado las FARC, el dinero del oro, de la cocaína, eso es lo que prevalece”.

Por otra parte, Farah estima que el gobierno de Estados Unidos, que en le tendió la mano a Nayib Bukele para prestarle apoyo, se “creyó el cuento” de que el ahora presidente se erigiría como una tercera vía en razón de que el derechista partido Arena y el izquierdista FMLN, estaban descartado, lo cual es cierto en los dos casos. “Estados Unido vio en Bukele una tercera vía democrática. Lamentablemente, nunca entendieron quién era en realidad Nayib Bukele, que es un autoritario, que es un tipo que nunca ha manejado nada bien y que tiene un don de dictador muy muy grande, con sueños de grandeza y, además, rodeado de gente bastante corrupta”.

Y aunque tarde entendieron la verdadera naturaleza y talante de Bukele, ahora Estados Unidos lo tolera en virtud de su disposición a colaborar en temas de inmigración.

Se remite al caso de Honduras, donde el presidente, Juan Orlando Hernández, ha sido señalado por los fiscales del Distrito Sur de Nueva York, de estar involucrado con el narcotráfico y, particularmente, con el líder del Cártel de Sinaloa, y a pesar de esto se mantiene en el poder. Fuentes ligadas al caso aseguran que en cualquier momento será acusado formalmente. Juan Orlando Hernández figura en tres de las acusaciones federales en contra de su hermano, Tony Hernández y de los policías que tuvieron un papel importante en materia de narcotráfico en Honduras. En su caso y en el de Bukele en El Salvador, el gobierno estadounidense ha mostrado demasiada tolerancia, aun cuando se trata de personas que por su historial no deberían ostentar la presidencia de sus países.

El doble juego de AMLO en México

El siguiente tópico tocado en la entrevista, versó sobre el caso mexicano, país gobernado por Andrés Manuel López Obrador, cuyo secretario de seguridad fue recientemente asesinado por las mafias del crimen organizado.

Sobre el avance que experimentan las organizaciones criminales bajo el gobierno del izquierdista AMLO, el cual defiende los postulados del socialismo del siglo 21, Douglas Farah estima que con el mandatario azteca ocurre tal como en el caso de su homólogo salvadoreño. Por un lado, anuncia un viaje a los Estados Unidos para conversar con Donald Trump y, por el otro, “tiene otro juego ayudando mucho al régimen de Nicolás Maduro, donde sabemos que hay muchas empresas a las que él ha permitido que estén lavando dinero para el régimen de Maduro”.

AMLO a ver la tolerancia de EE. UU. mostrada con Bukele y Juan Orlando Hernández, quienes guardan ciertas reglas como las referentes a la inmigración, entonces él está procurando una relación similar, que le permita, “debajo de la mesa” seguir gobernando en México como lo ha estado haciendo hasta ahora.

La violencia en EE. UU.

Los recientes hechos de violencia suscitados en los Estados Unidos a raíz de la muerte de George Floyd también fueron tema de nuestra conversación con Douglas Farah.

Como se sabe, en EE. UU. dos grupos se ven enfrentado, por un lado, la administración de Donald Trump y el partido Republicano que llaman al orden y al cese de la violencia, y por el otro, los grupos anárquicos que, al amparo de la protesta por la injusta muerte de Floyd, han aprovechado estos hechos para generar un movimiento violento. Esta situación remite a lo que ocurre en Latinoamérica, donde el bolivarianismo se vale del descontento y la protesta por reivindicaciones sociales y económicas para propiciar la caída de los gobiernos democráticos de la región.

Admite que aún no ha podido configurar una opinión al respecto, porque aún observa perplejo y con estupefacción los acontecimientos. Sin embargo, considera que el desgaste institucional que existe en Estados Unidos, así como la falta de confianza en las instituciones tradicionales que rige en la actualidad, ha propiciado en parte esta situación que se asemeja mucho a lo ocurrido en Chile y en Ecuador, aunque no en tan alto grado como en el país sureño.

Apunta que este tipo de situaciones es aprovechado por grupos que buscan dinamizar mezclándose con quienes, legítimamente, protestan por diversas causas.

“Hay cierto descontento válido dentro de la esfera política y dentro de esto hay factores que dinamizan la violencia y cuando ven la oportunidad y yo temo que eso es lo estamos viendo en estos momentos en Estados Unidos”.

La desarticulación frente a la unidad en torno a Evo Morales

Bolivia, no escapó al análisis de Douglas Farah, quien hizo referencia al panorama confuso que rige en la nación del Altiplano, donde la presidenta interina, Jeanine Áñez dice y se desdice constantemente respecto a su participación o no en las elecciones presidenciales.

De este modo, mientras que el partido MAS de Evo Morales se prepara para ir a los comicios en unidad, el anti-masismo avanza dividido con una gran cantidad de candidatos, entre ellos la propia presidenta Áñez.

Entretanto, los observadores aseguran en medio de este clima, que el crimen organizado se mantiene vigente en Bolivia, pues nunca abandonó la esfera del poder y solamente se han mantenido en silencio durante el gobierno provisional. Todo dejaría ver que tanto el MAS como el propio Evo Morales, vuelvan al gobierno boliviano.

Considera trágica esta situación, toda vez que la salida de Morales del poder había despertado en los bolivianos la esperanza de que se podía reconstruir el país y su institucionalidad y democracia. Así, lo que en principio había generado grados expectativas se desvaneció ante la actuación de las mafias “que no tienen preferencia política”, pues primero tenían la protección de Evo Morales y luego han encontrado acomodo en el gobierno de Jeanine Áñez”.

Reitera que la tragedia también se refleja en el espectro político, dado que como ha sucedido en Venezuela o en Nicaragua, el sector democrático avanza desarticulado, dividido a unas elecciones que podrían abrir y la empresa criminal bolivariana regresen al poder.

“En Nicaragua, Daniel Ortega nunca sacó más del 31 por ciento del voto interno, pero él entró como ganador porque la oposición estaba dividida en muchas candidaturas”.

Estima que, en medio de este panorama, las posibilidades de que regrese el MAS y Evo Morales son muy grandes, lo que hace ver que se perderá la que es una oportunidad histórica de rescatar la institucionalidad boliviana.

Poco optimista respecto a Venezuela

Finalmente, Douglas Farah se explaya en su análisis sobre el caso venezolano, donde uno de los últimos acontecimientos ha sido el nombramiento por parte del Tribunal Supremo de Justicia que responde a Nicolás Maduro, designó a los nuevos integrantes del Consejo Nacional Electoral, pasando por encima de la potestad de la Asamblea Nacional, órgano del Poder Legislativo de Venezuela. Este CNE ha convocado a elecciones parlamentarias para el mes de diciembre, sin que puedan participar varios partidos políticos de la oposición que han sido proscritos. Unos comicios que tienen como objetivo, no solamente desplazar a Juan Guaidó como presidente interino, sino también al único órgano reconocido hasta ahora por los Estados Unidos y más de 50 países.

Sin ambages, asegura que estas decisiones no son más que un juego político para —además de quitar del medio a Guaidó— dilatar el actual estado de cosas que rige en el país y aumentar la decepción de los venezolanos que observan con pena, como después de haber depositado su confianza en el líder parlamentario, ven cómo pasa el tiempo sin que suceda nada.

Para Farah a lavor de Maduro juega el hecho de que Estados Unidos entra en una especie de transición en razón del proceso eleccionario y el post eleccionario que, igualmente, significaran una serie de reacomodos, bien que Donald Trump resulte reelecto o no. Así que, el régimen de Maduro que se ha mantenido pese a la pandemia, a la caída de los precios petroleros, la baja de la producción petrolera, puede también superar esta transición.

Para el chavismo, dice, lo peor de la crisis ya pasó y pueden mantenerse en el poder, aunque su capacidad de gobierno se limite a la capital y a la posibilidad de comprar algunas voluntades para lo que cuentan con la lealtad de las fuerzas armadas.

“Yo no creo que la situación vaya a cambiar rápidamente” y subraya que, en ello, Rusia juega un papel determinante. “Hasta tanto Rusia no le diga a Maduro que ha llegado el momento de retirarse, va a mantenerse en el poder. Todo indica que esto va para largo y la situación puede empeorar aún mas, hasta que se produzca un cambio real”.

Gira su atención al caso del empresario colombiano, Álex Saab, arrestado en Cabo Verde y en proceso de ser extraditado a los Estados Unidos donde enfrentaría cargos por delitos de lavado de dinero. El gobierno de Nicolás Maduro lo ha calificado como su agente y le ha otorgado un pasaporte diplomático.

Consultado acerca de la importancia que tendría su extracción a los EE. UU., pues podría convertirse en pieza clave para poner en claro muchos de los manejos irregulares del gobierno venezolano, además de que su arresto y traslado a Estados Unidos puede ser, per se, un duro golpe para el régimen de Maduro.

Subraya que pocas personas pueden desempeñar el papel que juega Álex Saab, quien mantiene relaciones con Irán, con Rusia, además de su influencia en el mundo de los negocios a escala mundial.

Refiere que de ser extraditado y procesado judicialmente en Estados Unidos podría marcar la diferencia respecto a otros casos en los que aliados del gobierno venezolano han enfrentado la justicia estadounidense sin que esto se haya traducido en cambios significativos para la institucionalidad democrática de Venezuela pues la estructura del régimen de Maduro no se ve afectada con ello.

“Yo creo que Saab podría ser realmente una excepción. Creo que él es uno de los que realmente maneja en sus manos el dinero, las relaciones, el flujo de gasolina, entre otras cosas. Si logran extraditarlo pudiera conocerse a fondo cómo funciona el régimen de Nicolás Maduro”.

Por otra parte, Farah se refiere al papel del régimen islámico de Irán, cuya participación en los asuntos de Venezuela es cada vez mayor, algo que deja ver, por ejemplo, que se le haya entregado a esta nación parte del sistema alimentario de los venezolanos.

 ¿Puede interpretarse esto como que Irán está ganando la batalla en Latinoamérica, pero particularmente en Venezuela?

— Yo creo que en términos reales lo que hace Irán es muy poco, en términos de realmente ofertar suficiente alimentación como para marcar una diferencia en la vida de los venezolanos, o para que haya suficiente gasolina. Pero sí, lo que han logrado es decirle al mundo que los dos países más sancionados por los Estados Unidos se mantienen y están haciendo negocios entre ellos. Eso es básicamente lo que están buscando. Algo que lograron cuando se observa la imagen de los jóvenes venezolanos enarbolando la bandera de Irán sobre el lugar donde está tumba de Hugo Chávez el día que llegaron los barcos con la gasolina iraní a Venezuela. Esa fue una imagen poderosísima.

Entretanto, los mismos barcos que han llevado alimentos, gasolina y armamento a Venezuela, servirán para sacar el oro y la droga del país.

Respecto al denominado “eje del mal” que integran Rusia, China, Irán, Venezuela y Cuba y su campaña en procura de implantar una narrativa en la que se divide al mundo entre patriotas y globalistas, llegando a ocupar este tema muchas de las agendas de discusión, tanto en Estados Unidos como en Europa, Douglas Farah advierte que en estos países se ha planificado por largo tiempo el tema de cómo cambiar trascendentalmente al mundo.

 La pandemia, dice, ha abierto espacios para dejar colar esta discusión en las sociedades donde la gente comienza a preguntarse si será cierto que el sistema deba ser transformado de la manera como lo plantean estos países y en la dirección que ellos apuntan. Lo particularmente significativo es que hay gente dispuesta a escuchar sus planteamientos y propuestas, “esto aun con la historia de Cuba y Venezuela”.

Douglas Farah confiesa que no sabe qué dirección tomarán finalmente los acontecimientos mundiales con una sociedad que tiende a los extremos, tal como el hecho de querer, por ejemplo, eliminar las policías, como ya está ocurriendo en Nueva York, donde importantes unidades de lucha contra el crimen han sido eliminadas.

Para él, existe incoherencia en el gobierno estadounidense, lo que brinda espacios a la anarquía. Sin embargo, estima que las aguas recobrarán su nivel y todos estos problemas podrán repensarse. Formuló un llamado para que estos tiempos de acalorado debate en tiempo de elecciones, no se traduzcan en más deterioro de la institucionalidad democrática.

Fuente: Venezuela Política

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