Vladimiro Mujica: Golpe de Estado

Finalmente, la incompetencia y corrupción de los herederos del legado del Comandante Chávez los ha conducido a destruir una de las piezas centrales del montaje que les permitía disfrutar del apoyo vergonzante, pero decisivo para su supervivencia, de muchos movimientos, gobiernos e instituciones controladas por la izquierda en todo el planeta. Ese elemento fundamental del engranaje de sostén internacional al chavismo era la fachada del apoyo popular, el hecho de que el mandato de Chávez, o de su cruel y socarrón heredero, surgía de la voluntad del pueblo. Ante los ojos admirados de regímenes autoritarios como el de Cuba, Corea del Norte y Zimbabue, expuestos al claro repudio internacional por su obvio carácter antidemocrático, el régimen venezolano gozó por casi dos décadas de un escudo de protección infranqueable que se derivaba del hecho de celebrar elecciones. Y ganarlas; aún en medio de cuestionamientos crecientes sobre la transparencia de los procesos electorales. El esquema, aparentemente genial, de hacerse con el control total del poder y avanzar un perverso proceso de aniquilación de la libertad, la democracia y la economía del país, al tiempo que mantener una máscara de legitimidad surgida de las elecciones, ha colapsado.

Dos hechos centrales, primero la decisión del CNE de suspender el referendo revocatorio, y ahora la decisión de la Sala Constitucional del TSJ de usurpar las funciones de la AN y otorgarle poderes dictatoriales a Nicolás Maduros, constituyen una fractura tan de fondo del ordenamiento jurídico e institucional del país, que han generado una reacción en cadena de condena al régimen chavista, iniciada primero al interior de la oposición democrática venezolana, seguida luego por el presidente de la AN, y ahora expandiéndose internacionalmente. El contenido del poderoso mensaje de unificación de la protesta nacional e internacional es simple y terrible: en Venezuela el régimen de Nicolás Maduro, actuando en complicidad con instituciones ilegitimas y controladas férreamente por el ejecutivo, especialmente el TSJ, ha ejecutado un Golpe de Estado.

El significado de esta unificación del lenguaje de la oposición no puede ser sobreestimado. Uno de los elementos más divisivos al interior de la MUD, y la oposición en su conjunto, han sido las agendas partidistas y los liderazgos individuales, inevitables y bienvenidos en un escenario normal de juego democrático, pero destructivos y paralizantes en una batalla por la supervivencia de la democracia y la libertad como la que se adelanta en Venezuela. Dentro de la oposición se ha producido con frecuencia un perverso juego de prefigurar el liderazgo de los tiempos por venir, cuando se restablezca la democracia, sin resolver primero la ecuación de cómo se sale del gobierno corrupto y represivo del régimen chavista-madurista. Pues bien, la contundencia brutal de la acción del Golpe de Estado, y el que ahora toda la oposición, y los amigos de Venezuela en la comunidad internacional, puedan caracterizar de manera simple y contundente al gobierno venezolano como una dictadura han simplificado tremendamente la ecuación de la acción política contra el régimen de Maduro.

Casi de la noche a la mañana, lo que debió haber ocurrido hace mucho tiempo se anuncia con mucha fuerza: se ha consolidado la voz y el lenguaje de la dirigencia opositora con los del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, y los otros amigos de Venezuela en el mundo. Ya nadie puede permitirse vacilaciones ni malabarismos políticos orientados a resguardar su futuro político en una circunstancia cada vez más incierta para la democracia venezolana. La brutalidad de la acción del régimen de Caracas ha operado el milagro de unificar a todos sus adversarios, por ahora de voz, y abre la ruta para que también se unifiquen en acciones. Ya nadie puede permitirse el lujo de engañarse: en Venezuela no habrá más elecciones limpias a menos que se trituren las barreras de defensa que el gobierno de Maduro ha levantado para protegerse de la voluntad de su propio pueblo. Tal es la verdadera y profunda razón del Golpe de Estado: sabiéndose perdedor de cualquier elección el régimen de Maduro está haciendo lo único que puede hacer para sobrevivir.

El Golpe de Estado pone también en su verdadera perspectiva la crisis humanitaria terrible que aqueja al pueblo venezolano. Ya no se puede seguir usando el argumento de que la crisis de hambre, de miseria, de falta de medicinas, se puede concebir como separada a la acción del gobierno. Son una y la misma cosa. La situación increíblemente sufrida y vergonzosa de nuestra gente, obligada hasta el extremo de buscar comida en la basura, no es resultado de un castigo de la providencia ni de un desastre natural sino la conclusión inevitable de una cadena de acciones y decisiones que comenzaron con Chávez, todas y cada una de ellas a pesar de las zarandajas de los ex-ministros del chavismo pretendiendo argumentar una traición de Maduro al legado del comandante, y que continuaron ampliando su radio de destrucción y traición a Venezuela con la gestión de Maduro.

Se avecinan tiempos de unión. De acción de todos quienes deben actuar, civiles, militares y la comunidad internacional para que se retorne al camino del voto, de la soberanía popular y del respeto a la Constitución de la nación.

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