Para consumar fraude electoral Correa destituye al Comandante del Ejército

Por Carlos Sánchez Berzaín
Publicado marzo 14, 2017 9:00 am
La manipulación de las elecciones las ha convertido en “un proceso institucionalizado de fraude”, y permite a los dictadores del SSXXI manipular los resultados agregándose votaciones por mas del 10% y disminuyendo el respaldo popular real a la oposición en un porcentaje similar.

 

Poniendo una vez mas en evidencia su condición de dictador del socialismo del siglo XXI (SSXXI), Rafael Correa Delgado destituyó al Comandante General del Ejército del Ecuador, Gral. Luis Miguel Angel Castro Ayala, con doble propósito político: primero, castigar a quien impidió consumar el fraude electoral a favor de los candidatos oficialistas Lenin Moreno y Jorge Glas en la primera vuelta electoral, y segundo, tener abierto el camino y controlado el aparato para ejecutar el fraude electoral en la segunda vuelta, el 2 de abril próximo, que le permita retener el poder y asegurarse impunidad.

Las elecciones son la puesta en escena, el show con el que el SSXXI pretende justificar sus regímenes dictatoriales como si fueran democracias bajo el slogan “la gente vota y ganamos elecciones”. Sin embargo, este mecanismo está puesto en evidencia y ha sido desnudado desde hace varios años en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, donde las elecciones se han convertido en procesos manipulados de principio a fin por el oficialismo. Las “elecciones libres y justas” son solo uno de los elementos esenciales de la democracia establecidos en la Carta Democrática Interamericana, pero los regímenes castrochavistas de la región violan todos incluido éste.

Las elecciones en Ecuador y en el resto de los países del SSXXI se caracterizan porque han cambiado la constitución y las leyes electorales, han suplantado los organismos electorales, han designado funcionarios de su amaño y obediencia haciendo desaparecer la “imparcialidad”, han alterado los registros electorales, modificado la organización territorial, el sistema de cómputo y asignación de ganador; han habilitado votación en el extranjero y de extranjeros ilegales, han manipulado el padrón electoral, han inhabilitado con persecuciones judiciales, cárcel y exilio a varios candidatos, han dividido a la oposición con presiones y prebendas, han restringido y/o suprimido la libertad de prensa, han liquidado el financiamiento y la transparencia electorales, han hecho aparecer mas votantes que habitantes posibles en edad de votación, usan recursos de la corrupción y del estado ilimitadamente……en suma han quitado a las elecciones su característica fundamental de “ser libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo”.

La manipulación de las elecciones las ha convertido en “un proceso institucionalizado de fraude”, y permite a los dictadores del SSXXI manipular los resultados agregándose votaciones por mas del 10% y disminuyendo el respaldo popular real a la oposición en un porcentaje similar. Solo resultados contundentes como el de las elecciones para la Asamblea Nacional de 2015 en Venezuela y del referéndum 21 F de 2016 en Bolivia, con fuerte “control electoral y movilización ciudadana” permiten evitar la consumación del fraude. Los éxitos del fraude van desde las elecciones supuestamente ganadas por Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela o Evo Morales en Bolivia, los innumerables referéndums y elecciones locales en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, hasta el mas reciente fraude realizado de Daniel Ortega en Nicaragua.

En este escenario, Rafael Correa, que actúa como jefe de campaña y principal vocero de Lenin Moreno-Jorge Glas, tenía todo previsto para dizque ganar (o sea hacer como que ganó) en la primera vuelta, pero el fraude no le alcanzó debido fundamentalmente a la movilización del pueblo ecuatoriano y a la acción institucional del general Castro Ayala (ahora destituido), quien al día siguiente de las elecciones dirigió una carta al Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas en la que expresó: “Ante los últimos acontecimientos que se vienen observando a nivel nacional luego de que la ciudadanía hizo uso de su derecho constitucional de elegir de manera voluntaria a sus dignatarios el pasado domingo 19 de febrero de 2017, por medio del presente me permito solicitar a Usted, mi Teniente General, se digne a convocar al Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas para analizar la situación actual y de ser el caso realizar un pronunciamiento oficial, de manera urgente, sobre la participación y responsabilidad de la Institución durante este proceso electoral, considerando el respeto al orden constituido y a la voluntad del pueblo expresada en las urnas”.

El texto lo dice todo, fue una solicitud institucional en la cadena de mando regular, en cumplimiento de funciones constitucionales de un comandante que debe lealtad a su patria, a su nación y no al gobierno. Luego de destituido el general Castro Ayala probó el fraude poniendo en evidencia que “las Fuerzas Armadas no manejaron toda la cadena de la custodia de las papeletas de votación en las elecciones pasadas”!!. Los militares juran a la Bandera como símbolo de la Nación y por eso son Fuerzas Armadas de la Nación (del soberano que el pueblo), no juran lealtad al régimen ni al jefe de estado; pero para vergüenza de los mandos militares de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, solamente un general ecuatoriano el general CASTRO AYALA, cumplió su juramento y por eso la dictadura lo ha destituido –y si consuman el fraude- seguramente le perseguirán buscando asesinarle su reputación.

Además de la venganza y el “precedente”, la destitución que Rafael Correa realizó tiene el fundamental propósito de despejar los obstáculos para perpetrar el fraude preparado para la segunda vuelta. Sin un comandante institucionalista, sometido al “estado de derecho” y no al régimen, con mandos reducidos políticamente y condecorados por el chavismo y el castrismo, con una CNE asustada y servil, el fraude está de nuevo listo y ahora solo falta falsear un poco de encuestas, ejercer control de prensa, evitar que salgan los nombres de la corrupción de Odebrecht y otros casos, y tener observadores electorales complacientes al régimen. El mundo observa y la diferencia es que AHORA sabe que se trata de FRAUDE.


Fuente: Interamerican Institute for Democracy

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